Hablar con las personas mayores es una forma de cuidado porque los estimula cognitivamente, contribuye a su salud mental al generar la sensación de acompañamiento y bienestar, y los hace partícipes de su entorno, sea la familia o la comunidad
Carmelia tiene 82 años y desde hace unos meses comenzó a perder la visión. Esta condición la alejó de una de sus grandes pasiones: la cocina, algo que con el tiempo también afectó considerablemente su estado de ánimo.
Estos prejuicios, que a menudo se basan solo en un deterioro biológico observable está tan arraigados en la sociedad que pueden convertirse en realidad al “promover en las personas mayores los estereotipos del aislamiento social, el deterioro físico y cognitivo, la falta de actividad física y la idea de que son una carga económica”, reza el documento. “Lo cierto es que hoy en día, con lo que el mundo entero está viviendo, las experiencias de las personas mayores son más importantes que nunca. Los verdaderos maestros de la resiliencia son ellos porque son los que ya se han caído y se han levantado innumerables veces y esa es una cosa que no han tenido en cuenta durante esta pandemia”, afirma María Conchita Ramírez, adulto mayor y Coordinadora General del Consejo Distrital de Sabios y Sabias de Bogotá. El poder de la llamada telefónica
La cuarentena ha sido una experiencia difícil para Lucía y Ricardo quienes, a pesar de vivir solos, estaban acostumbrados al ir y venir diario de sus hijos y nietas. Ahora, se turnan entre todos para ir cada dos o tres días y llevarles lo necesario en alimentos y medicina. Una visita estricta que no dura más de 10 minutos y donde el aislamiento físico es la norma para proteger su salud.
Con los días Lucía y Ricardo han comenzado a sentirse aislados socialmente. Mientras todos están en permanente contacto a través de un grupo de WhatsApp, donde paradójicamente el tema principal de conversación son sus padres, ellos solo cuentan con un teléfono fijo y un par de celulares ‘flecha’ porque no están muy familiarizados con la tecnología.
Ante esta situación, pronto todos se dieron cuenta que una visita corta cada dos días no era suficiente. Ellos estaban sufriendo la ausencia de su familia, los almuerzos llenos de risas y las largas charlas a la hora del café. Así que se organizaron para llamar a sus padres a diferentes horas del día, con el fin de acompañarlos en una parte de la mañana, de la tarde y antes de ir a dormir.
Durante las llamadas, los hijos y nietas les preguntan por las actividades que deberían estar realizando según la hora del día. En la mañana, por ejemplo, el desayuno, los ejercicios matutinos, las plantas que salen a regar al patio y los planes para el almuerzo son el tema de conversación. En la tarde, la charla se da para indagar sobre sus experiencias del pasado o por la situación que están viviendo otros familiares, amigos y vecinos; eso los alienta a querer saber de ellos y a tomar la iniciativa de llamarlos para averiguar sobre sus vidas. En la noche, es un buen momento para hablar sobre cómo se sintieron durante el día.
En tiempos de aislamiento social, la llamada telefónica se ha convertido en una herramienta fundamental para aquellas familias donde las personas mayores no están tan familiarizadas con los medios tecnológicos.
Sin embargo, para alimentar ese canal de comunicación, la clave está en el lenguaje. “Saber que somos una población de riesgo en la pandemia sumado al aislamiento, las noticias que recibimos a diario y a los problemas de salud que cada uno pueda tener, es una situación que nos hace sentir muy vulnerables. Por eso, lo más importante al hablar con las personas mayores es no intensificar esa sensación”, afirma María Conchita Ramírez.
Deinedt Castellanos, presidenta de la Red Colombiana de Envejecimiento Activo y Digno, cree que para hablar con las personas mayores, las conversaciones deben girar en torno a un lenguaje positivo, sin desconocer la realidad que estamos enfrentando. “Hay que partir de la base de que la vida continúa. Debemos ilustrarlos con información confiable pero también recordarles que debemos mirar hacia el futuro. Motivarlos a pensar cosas positivas, como el momento en el que nos vamos a volver a encontrar”.
A la hora de hablar con las personas mayores, Ortiz aconseja trabajar en el nivel de relacionamiento. “Quiero conocerte, pero también quiero que me conozcas”. Para lograrlo, por ejemplo, se puede realizar una llamada diaria en la que ambas partes hablen sobre su día, dando valor a las pequeñas actividades que antes pasaban desapercibidas como cocinar, leer, hacer ejercicio.
Preguntarles sobre el pasado, por su parte, además de remontarlos a situaciones más amables de la vida, les permite trabajar en sus habilidades cognitivas y construir una relación más cercana en la que ellos sientan que sus experiencias son valoradas.
“Lo cierto es que hoy en día, con lo que el mundo entero está viviendo, las experiencias de las personas mayores son más importantes que nunca. Los verdaderos maestros de la resiliencia son ellos porque son los que ya se han caído y se han levantado innumerables veces y esa es una cosa que no han tenido en cuenta durante esta pandemia”, afirma María Conchita Ramírez, adulto mayor y Coordinadora General del Consejo Distrital de Sabios y Sabias de Bogotá.
El tema espiritual es algo que no se debe dejar de lado. “Tener en cuenta sus creencias, así estas sean diferentes a las nuestras, es fundamental porque se convierten en un refugio para estos momentos de incertidumbre que les ayuda a lidiar de manera positiva la sensación de vulnerabilidad frente a la muerte”, afirma Ana María Ortiz.
Por último, no se deben descuidar las necesidades de las personas mayores, sobre todo cuando se relacionan a su autonomía. “En el lenguaje que utilizamos con nuestros padres y abuelos no podemos irnos al extremo de la sobreprotección porque eso comienza a limitar su capacidad de tomar decisiones y eso implica un deterioro cognitivo a largo plazo”.
En ese sentido, es importante tener presente que se está interactuando con sujetos y no con objetos. “Si bien en este momento hay unas regulaciones para las personas mayores, no podemos obligarlas a permanecer encerrados. Más bien, hay que acudir a su capacidad de decisión. Podemos decirles, por ejemplo: ‘Papá si quieres salir está en tus manos, pero sabes que vas a arriesgarte, que te van a multar y que vas a poner en riesgo la vida de tu esposa. ¿Es eso lo que quieres? Recuerda que el que te tienes que cuidar eres tú”, concluye.
¿Cómo hablar con las personas mayores?
Como parte de su compromiso con los adultos mayores del país, la Fundación Saldarriaga Concha ha dispuesto una estrategia de cuidado llamada ‘Me cuido Activo en casa’, que busca proteger a la población mayor en el contexto de la pandemia, pero también promover calidad de envejecimiento acatando las recomendaciones de protección, a partir del uso de herramientas virtuales como internet, telefonía fija y celular y equipos de cómputo.
Dentro de este programa, la fundación ha identificado algunos puntos particulares que pueden ayudar a que la conversación con las personas mayores sea más fluida y efectiva, conservando el distanciamiento físico establecido para proteger su salud. La psicóloga Ana María Ortiz, comparte algunos de ellos:
- Cuidar el lenguaje: “No a todas las personas mayores les gusta que les digamos ‘viejitos’, ‘abuelitos’ y mucho menos de una manera peyorativa. Todos tenemos un nombre así que usémoslo a la hora de referirnos a ellos”, enfatiza Ana María Ortiz.
- Aplicar la escucha activa: “Generemos preguntas que nos permita escuchar y poner atención a lo que la otra persona tiene por decir, siempre respetando su disposición a responder o no”.
- No tratarlos como niños: “Esto vulnera sus derechos. Estamos frente a personas autónomas e independientes que, a pesar de necesitar cuidados particulares, no han perdido su poder de decisión. Sus opiniones y sentimientos deben ser tenidos en cuenta como los de cualquier persona”.
- No dar respuestas discriminatorias por la edad: Las conversaciones no deben reforzar el estigma que existe hacia las personas mayores, por eso hay que evitar respuestas como “no entiende porque está muy viejo”.
- Expresarnos con claridad: “Es necesario hablar despacio y vocalizar. Muchas veces solemos usar modismos a la hora de hablar que es posible que las personas mayores no entiendan. También es importante tener en cuenta cuál es el nivel educativo del otro para saber qué tipo de conversación entablar”.
- Tener empatía: Ponerse en los zapatos del adulto mayor ayuda a entender cómo se siente y cómo está asumiendo el aislamiento.
- Tener paciencia: “Por ejemplo, a veces esperamos que una persona mayor sea igual de hábil en el uso de la tecnología que alguien de 16 años. Y la realidad es que no todos están dispuestos o tienen la obligación de aprender a comunicarse por esos medios. En esos casos hay que hacer que la comunicación sea un proceso tranquilo que sea provechoso para ellos”, concluye la experta de la Fundación Saldarriaga Concha.
En todo este proceso, es fundamental tener en cuenta los deseos de la otra persona; preguntar si es el momento adecuado, respetar si no está dispuesta a hablar y no insistir cuando no quiera tocar algún tema particular. Pensar en cómo nos gustaría que nos trataran cuando lleguemos a ese punto de la vida es una buena premisa para comenzar a entablar un diálogo fluido y genuino con un adulto mayor.